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BOLETÍN FAMILIAR

¿Dónde se forman los Sacerdotes?

 

 

Introducción:

 

 

 

 

 

Estimados Padres de Familia:

 

Nuestra sociedad necesita con urgencia fortalecer la fe; es la fe en Jesucristo vivo la que da sentido y rumbo a la vida, la que suscita y sostiene guías auténticos tanto para la sociedad como al interior de las comunidades cristianas.

 

El sacerdocio es una vocación, un llamado especial a seguir más de cerca a Jesucristo y a entregar la vida por el Evangelio. El sacerdote de hoy tiene que vivir su vocación y misión en una sociedad sometida a vertiginosos cambios; tiene que responder ante un mundo globalizado, mediatizado por el enorme poder que ejercen los medios de comunicación social, en esta aldea global, cuyos adelantos tecnológicos pueden servir para el bien o el mal.

 

 

 

Esta necesidad de responder adecuadamente a un modelo de sociedad cambiante, a los nuevos retos que supone la evangelización, requiere de nuevas exigencias en la formación sacerdotal, tanto para los que se están formando en los seminarios como para los que ejercen actualmente el ministerio.

 

Ante esta realidad, es importante recordar que las vocaciones al sacerdocio surgen normalmente en las familias y comunidades donde se respira y se fortalece la fe. Para que germinen vocaciones suficientes al sacerdocio necesitamos fortalecer la vida cristiana desde nuestras familias y comunidades, puesto que la formación de los sacerdotes no es exclusiva de los seminarios: inicia en la familia y continúa en la comunidad cristiana a quien sirven.

 

Profundicemos en este tema y comprometámonos en la parte que nos corresponde dentro del proceso formativo de nuestros sacerdotes.

 

 

Cuestionamiento:

 

Como esposos, hablen sobre los sentimientos y reacciones que tendrían si uno de sus hijos escogiera una vida sacerdotal o religiosa.

 

 

 

 

 

 

 

Fuente de consulta:

¿Qué es el Seminario? Mensaje del Pbro. Jorge Carlos Patrón Wong, Rector del Seminario de Yucatán

Para los padres  www.nypriest.com/espanol/for-parents/

 

 

 

 

Mensaje:
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La familia es la iglesia doméstica, la primera iglesia que un niño encuentra. En el bautizo de sus hijos se les encomendó a los padres la tarea cristiana de asistirlos para que crecieran en virtud y en la vida y luz de Jesucristo. Por tal motivo, “los padres han de ser para los hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y con su ejemplo, y han de fomentar la vocación personal de cada uno y, con especial cuidado, la vocación a la vida consagrada" (Catecismo de la Iglesia Católica #1656).

 

ØRecen diariamente como familia. Incluyan oraciones por los que ya viven una vocación de servicio en la Iglesia, por las personas que se encuentran en proceso de discernimiento y como padres, pidan a Dios que uno de sus hijos sea llamado a la vocación sacerdotal o a la vida religiosa.

Ø Enseñen a sus hijos a rezar para que puedan descubrir y utilizar los dones que Dios le ha dado. Ayúdenles a dedicar un tiempo diario para dar gracias a Dios. Animen a sus hijos adolescentes y jóvenes a que se involucren en proyectos parroquiales, organizaciones y actividades de caridad.

Ø Permitan a sus hijos ver el ejemplo de unos padres que viven una vida cristiana, que se toman en serio los mandatos del Evangelio y que valoran las vocaciones eclesiales. Permitan a sus hijos ver una actitud de apertura a la voluntad de Dios en ustedes.

Ø Asistan a una ordenación sacerdotal o a la profesión de un religioso o una religiosa. Respondan a las preguntas que sus hijos les planteen acerca del sacerdocio y la vida religiosa.

 

 

 

¿CÓMO FOMENTAR LA VOCACIÓN A LA VIDA CONSAGRADA? Presentamos algunas sugerencias:

Pregúntense si ¿han creado en su familia un contexto adecuado en el que las virtudes de Cristo puedan florecer, o están bajo los ataques de todo lo que nos llega a través de algunos canales de cable, de algunos sitios de Internet y de algunos videojuegos y películas?

Hablen siempre con respeto de los sacerdotes y religiosos, especialmente cuando existen diferencias de opinión. Tengan cuidado en cómo se maneja la crítica a la Iglesia. Sean intolerantes con el humor que devalúa espiritualmente la vida religiosa y el sacerdocio. Inviten a su párroco, religioso de su parroquia, hermano o hermana, a su casa o, al menos, háganles saber en presencia de sus hijos, que son bienvenidos.

 

 

CASA DE FORMACION
El seminario acoge a jóvenes que aspiran a la vida sacerdotal, formándolos como verdaderos pastores a ejemplo de Jesucristo.
El seminario es una comunidad eclesial educativa. Toda la vida del seminario, está intensamente dedicada a la formación humana, espiritual, intelectual y pastoral de los futuros presbíteros.
Ø El seminario es “semillero de la esperanza”
En el ambiente vocacional del seminario, los jóvenes que intuyen que Dios les ha regalado una “semilla sacerdotal” se lanzan con fe y valentía, ante el asombro de algunos y las críticas de otros, a descubrir, alimentar y hacer crecer este regalo que no es para uno mismo sino para los demás.
Ø El seminario es el “corazón de la Diócesis”, donde se forman los futuros sacerdotes que serán la sangre nueva, el impulso renovador de la Iglesia. Es un corazón que cada año recibe una generación nueva de seguidores de Jesucristo, jóvenes que son un torrente fresco de ideas, experiencias, y proyectos, deseosos de aprender de la sabiduría de nuestra madre y maestra la Iglesia, comprometidos a tomar la estafeta del Evangelio y recorrer con ella lugares no alcanzados.
Ø El Seminario es la “casa de todos”, todos sentimos el seminario como parte de nuestra vida porque todos hemos recibido múltiples beneficios de sus egresados. A través de los seminaristas y los sacerdotes, el seminario transita como bienhechor cotidiano de cada familia. De ahí el vínculo inseparable: todo lo que se vive en el seminario interesa a la sociedad y el seminario es sensible a todo lo que acontece en la sociedad.
EL SACERDOTE CONTINÚA SU FORMACIÓN EN LA COMUNIDAD ECLESIAL A QUIEN SIRVE.  Forma parte de la comunidad cristiana, participa de su vida y es ordenado para el servicio de la misma. Está presente en la vida de la Iglesia y de la sociedad.
Unos lo admiran, otros lo critican, pocos lo comprenden. Hay que rezar y rezar mucho por los sacerdotes, para que lleguen a descubrir día tras día, sin rutina, que su vocación es para el pueblo. Para que sean ministros auténticos que dan su vida sin reservas. Que están llamados a actualizar en la Iglesia la presencia de Jesucristo.
El estímulo al sacerdote se lo da su pueblo cuando lo buscan los cristianos en su condición de pastor de almas y le exigen lo mejor de su vivencia sacerdotal y le ayudan a perseverar con fidelidad en su vocación.