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BOLETÍN FAMILIAR

Los padres y la vocación de los hijos

 

 

Introducción:

 

 

 

 

 

 

Estimados Padres de Familia,Distinguidos Lectores:

 

Estamos por concluir el año escolar, en el que todos esperamos obtener resultados satisfactorios de acuerdo al esfuerzo realizado; sin embargo, es importante pensar que uno de los mayores anhelos de los padres es tener hijos e hijas capaces de vencer en la vida, en todos los ámbitos que la constituyen: profesional, económico, social, cultural y espiritual. Es un deseo justo y necesario. Esta responsabilidad no se realiza automáticamente con el transcurso del tiempo. Los hijos y las hijas dejados a su propia voluntad no se convierten repentinamente en personas que reciben una corona de laurel o una medalla de oro cuando sean mayores de edad.

 

 

Cuestionamiento:

 

v ¿En qué forma ayudamos a nuestros hijos a descubrir el plan de Dios en cada uno de ellos?

v ¿Qué podemos hacer para cumplir nuestra misión de padres cristianos?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los padres y la vocación de sus hijos www.conelpapa.com/.../vocacion/padres.htm

 

 

 

 

 

 

 

 

Mensaje:
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La familia debe formar a los hijos para la vida, de manera que cada uno cumpla con plenitud su cometido, de acuerdo con la vocación recibida de Dios. "A la par que el hijo crece hacia una madurez y autonomía humanas y espirituales, la vocación personal que viene de Dios se afirma con más claridad y fuerza. Los padres deben respetar esta llamada con alegría y acción de gracias; y favorecer la respuesta de sus hijos para seguirla. Es necesario convencerse de que la vocación primera del cristiano es seguir a Jesús (Cf. Mt 16, 25)." (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2232).

Recordaba Juan Pablo II: "Estad abiertos a las vocaciones que surjan entre vosotros. Orad para que, como señal de su amor especial, el Señor se digne llamar a uno o más miembros de vuestras familias a servirle. Vivid vuestra fe con una alegría y un fervor que sean capaces de alentar dichas vocaciones.

Sed generosos cuando vuestro hijo o vuestra hija, decida seguir a Cristo por este camino especial. Dejad que su vocación vaya creciendo y fortaleciéndose. Prestad todo vuestro apoyo a una elección hecha con libertad" (Juan Pablo II, Nagasaki, Japón, 25.II.1981).

 

 

 

 

Es en la juventud cuando surgen los grandes ideales de entrega, los deseos de ayudar a otros con la propia vida, de cambiar el mundo, de mejorarlo. Cuando se conoce la llamada de Dios, se conoce el sentido de la propia existencia. Con la llamada, se descubren los planes que Dios tiene para cada uno: para los hijos y para los padres. La felicidad, de los padres y de los hijos, depende del cumplimiento de los planes de Dios, que nunca encadenan, sino que potencian al hombre, lo desarrollan, lo dignifican, ensanchan su libertad, lo hacen feliz.

 

 

Algunos padres se encuentran hoy con que sus hijos retrasan durante años determinadas decisiones (por ejemplo, casarse y formar una familia, abrirse camino en  lo profesional, etc.).

 

lo profesional, etc.). Otros padres se lamentan de que sus hijos ya mayores se resisten a dejar el hogar paterno porque encuentran allí todas las comodidades sin ninguna responsabilidad. Una buena formación cristiana se orienta hacia la decisión y el compromiso, y logra que los hijos sean capaces de administrar rectamente su libertad y asumir pronto responsabilidades y compromisos que suponen esfuerzo. Eso es siempre una muestra de madurez.

 

Ustedes son las personas más influyentes, los auténticos y verdaderos maestros de sus propios hijos: con las palabras, los ejemplos y los consejos que les den. Tienen un precioso tesoro en sus manos. Ustedes son los guardianes y al mismo tiempo los forjadores de los hombres del mañana. La sociedad será como la hayan preparado en sus hogares. Si quieren una sociedad cristiana, eduquen cristianamente a sus hijos.

 

Muchos padres de familia se quejan de tantos males que afectan al mundo: se quejan de la falta de recursos morales en la sociedad; de la falta de personas que puedan regenerar determinados ambientes; de la falta de ideales grandes en la vida de tantos jóvenes; etc.

 

 

 

Cuando los padres entienden que cada llamada es un privilegio, una prueba de confianza y de amor del Señor con esa persona y con su familia, aceptan con alegría, aunque les cueste tanto humanamente, esa nueva misión: la de ayudar a su hijos, mientras están en la tierra, a corresponder a su vocación y a perseverar en ella. Porque en un sentido amplio, la llamada de sus hijos también les compromete a ellos: Dios les llama a ser padres de un alma entregada a Dios.

 

La solución a esas faltas está, en gran medida, en la mano de los padres cristianos, que se esfuerzan por dar a sus hijos una verdadera educación cristiana; por sembrar en su alma ideales de santidad; por ensanchar su corazón con las obras de misericordia, creando en torno a sí un ambiente de sobriedad y de trabajo. Las grandes crisis son crisis de santos: faltan padres e hijos cristianos y santos.

 

 

Fuente de consulta:

 

Los buenos padres desean ideales altos para sus hijos. Se comprende que los padres cristianos deseen, además, que sus hijos aspiren a la santidad y no se queden en la mediocridad espiritual. En ese sentido, desean que sus hijos respondan plenamente a lo que Dios espera de ellos. Reflexionemos en este punto.

 

A lo largo de la historia de la Iglesia ha habido ejemplos de padres cristianos que han ayudado a recorrer con su abnegación personal, los primeros pasos de la entrega de sus hijos. Son hombres y mujeres que han entendido con profundidad la grandeza de su misión: tener hijos para el cielo. “Te aseguro -escribía Tomás Moro a su hija Margarita- que antes que por descuido mío se echen a perder mis hijos, capaz soy de gastar toda mi fortuna y despedirme de negocios y ocupaciones para dedicarme por entero a vosotros..."

 

Cuando un hijo se entrega a Dios, los padres tienen por delante una tarea que no acaba nunca. No deben desentenderse de su educación, pensando que en otras instancias ya se ocupan de él, sino al revés: tienen la responsabilidad bendita de afianzar y sostener su entrega, especialmente cuando es aún joven. Han de seguir exigiéndole y ayudándole a desarrollar las virtudes humanas, a obtener buenas calificaciones, a ser ejemplares, etc. Deben acoger con una estima grande esa actitud generosa de su hijo, y apoyarle con su oración y cariño.